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Sábado 16/10/2021

Notas de un lector

Memoria de Acacia Uceta

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Luis Arrillaga, poeta y crítico de amplia trayectoria, ha acometido, con su rigor habitual, la tarea de estudiar, ordenar y actualizar la obra literaria de Acacia Uceta. Nacida en Madrid, el 28 de mayo de 1925 y fallecida en la misma capital el 10 de diciembre de 2002, cuando contaba setenta y siete años, Uceta estuvo vinculada de por vida a Cuenca, ciudad natal de su esposo, el escritor Enrique Domínguez Millán. No es extraño, pues, que el libro que comento haya sido editado por la Diputación conquense, dentro de su colección Atalaya.


Se trata de un volumen de casi 400 páginas, titulado “Palabras de fuego”, en el que Arrillaga aborda la prosa y el verso de la autora con morosa pericia, y lo completa con diversos apéndices, en los que no faltan una breve antología poética, una bibliografía selecta y un archivo fotográfico.
Arrilaga era buen conocedor del quehacer literario de Uceta, sobre la que había impartido conferencias en Madrid y Cuenca; y esos textos vinieron a convertirse en la semilla de este libro, fruto de un largo hacer. En un párrafo de su “Liminar”. Arrillaga justifica el título elegido para su trabajo, y deja constancia de su admiración por la obra de la poetisa madrileña: “Tanto la narrativa, como el ensayo y la poesía de Acacia Uceta, conforman “Palabras de fuego”, es decir, una verdadera pasión de vivir…, que es plasmada en las páginas de cada libro con un virtuosismo y una naturalidad que conducen el milagro de la comunicación literaria y del disfrute estético; fuego que, a la manera de la `llama´ sanjuanista, nos transporta a una experiencia de amor”.

La obra literaria de Uceta, que el crítico ve encauzada a través de dos “dimensiones esenciales”, humanismo y espiritualidad, está formada sustancialmente por dos novelas -una larga y otra corta- y por nueve poemarios, los dos últimos publicados póstumamente. Arrillaga aboga por una pronta edición de sus “Obras Completas”, o, al menos, de una amplia antología, hecha con tanto criterio como generosidad.

Allá por 1967, Acacia Uceta daba a la luz un libro de versos, intenso y bien dicho, titulado “Frente a un muro de cal abrasadora”, en el que entre otros se insertaba un poema titulado “Tránsito”, que el buen tino del antólogo ha recogido en este volumen. Porque, a mi juicio, resulta muy significativo -muy representativo- de la escritura lírica de la autora, y porque a estas alturas, desaparecida ella, sus versos adquieren un resón especial, conscientes ya de la fugacidad del tiempo: “Este río de muerte que baña mis praderas/ todavía cuajada de frutos y de flores/ ¡qué silencio me trae hasta la sangre¡”.

Ese silencio es el que este libro, bien intencionado y mejor urdido, trata de romper con su acordada melodía. Y con los encendidos versos de Acacia Uceta: “Nuestro caudal de fuego,/ en su paso fugaz,/ va acreditando en el dolor su brillo,/ inventando respuestas a su noche,/ mientras sigue creando eternidades/ a través de la sangre y la memoria”.

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