Atando Cabos

De ilusión también se vive

Los niños esperan que se satisfagan sus deseos de forma mágica. Viven de ilusión. Hacerse adulto por el contrario parece que consiste en  carecer de ella

Publicado: 04/01/2023 ·
09:32
· Actualizado: 04/01/2023 · 09:32
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Autor

Remedios Jiménez

Licenciada en Historia, docente jubilada, integrante del Aula Atenea del Ateneo de Jerez y de varios clubes de lectura

Atando Cabos

Una mirada sobre lo que nos pasa día a día, bajo los titulares de la incesante actualidad

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Una de las frases que más he oído en las tiendas mientras compraba era: yo ya no tengo ilusión. A continuación se expresaba una envidia sana hacia los más pequeños.

Los niños esperan que se satisfagan sus deseos de forma mágica, incluso valoran más ésta que lo que van a recibir. Viven de ilusión. Hacerse adulto por el contrario parece que consiste en  carecer de ella. Entonces por qué se la echa tanto de menos.

Despertar a que los reyes son tus padres es una de las fases de hacerse mayor y por eso poseer ese secreto atrae mucho. Provoca una sonrisa de suficiencia ante el resto que vive en el engaño. Eso no quita que el momento más triste de nuestra infancia suela ser  las navidades de después de saberlo.

Nosotras éramos tres hermanas y mi madre que no veía mucho la tele, solía no aclararse con lo que pedíamos. La forma que encontró de solucionarlo es que cada año una de las dos mayores la acompañara a comprar los juguetes. La encargada de la misión sabía la responsabilidad que se le venía encima y la encaraba como si fuera un paje real. Las demás tenían que esperar al día de reyes para ver los regalos y contaban los días. La más pequeña ni siquiera sabía del proceso y bien que sabíamos ocultárselo. Guardo tan buen recuerdo de todo esto como de antes de saber que eran mis padres quienes compraban los regalos. No sé si porque en este sistema encontré que la ilusión es ocuparse de los demás, intentar hacerlos felices.

Si no se descubre esto, la navidad deja de tener sentido y se convierte en un campo minado. Cualquier palabra, cualquier situación te recuerda una desilusión que tuviste. Las reuniones familiares pueden terminar como el rosario de la aurora. Por cierto quién quiera ver lo que pasó en el rosario de la aurora sólo tiene que ir al museo de Bellas Artes de Cádiz y contemplar el cuadro de José García Ramos. Hecho este inciso, queda lo más importante, la pérdida de los padres que también nos aleja de la felicidad de estas fechas. Es lo que definitivamente sentimos que nos cierra la puerta de volver a ser niños. Si nos dejamos llevar por todo esto, seremos del gigantesco grupo que dice qué ganas tengo que llegue el siete de enero.

Poner ilusión en todo, en navidad o en el resto del año, no es cosa de niños, es cosa de gente que sabe vivir. Sin ella sólo se puede sobrevivir.

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