Publicidad Ai
Publicidad Ai

Hablillas

Blonde

Una Dorita convertida en Marilyn, una Norma Jean doliente y dolida por haber regalado amor y recibir migajas

Publicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai Publicidad Ai Publicidad AiPublicidad Ai

Ha pasado tiempo, mucho, desde que los estrenos, las películas dejaron de arañar, que no han dejado en la memoria el surco imaginable de un vinilo, porque se han quedado en la butaca del cine o en el sofá de casa. Hace tiempo que no nos acompañan durante el camino al trabajo, un paseo o a dormir. Y se agradece la vuelta, el esfuerzo y la valentía de realizar un trabajo sabiéndolo bien hecho, dejando a un lado el gusto personal del espectador para buscar su complicidad, la rendición de dejarse atrapar para pensar.

Blonde es esa película, el significante junto con lo anotado anteriormente, lo aparecido o encontrado después de unos cuantos años y el artífice es Andrew Dominik, director australiano con una trayectoria multipremiada. Adaptación de la novela de Joyce Carol Oates, Blonde habla de la vida de Norma Jean, una niña maltratada y después mujer muy castigada, cuyo pelo ondulado y rubio la llevó al cine con el nombre de Marilyn Monroe.

A pesar de lo que pueda parecer, no se trata de una película biográfica ni tampoco nos desvela qué o quién fue la estrella, porque se ha sabido desde entonces. El relato nos lleva a pensar en la causa, en el porqué de una historia de crueldad extrema vivida por una mujer con una enorme falta de afecto. Es una película muy literaria, muy lírica, muy en la línea del estilo narrativo cultivado por los autores de estos últimos años, consistente en mostrar, en darle luz a ese otro lado del que todos sabemos, pero nadie habla.

Tal vez por eso se ralentizan más las escenas, que parecen engancharse a los silencios del que penden las metáforas, como en las pausas descriptivas de un texto. Una película donde el espectador se siente un personaje más. Una trama con muchos detalles, siendo uno de los más apreciables la alternancia del color para la parte de los rodajes de la actriz, su vida en el celuloide, y el blanco y negro para su vida real, como en el Mago de Oz.

Una Dorita convertida en Marilyn, una Norma Jean doliente y dolida por haber regalado amor y recibir migajas. Un personaje que ha tenido la suerte de ser recreado por Ana de Armas, quien se ha metido mucho más dentro de su piel, porque no sólo ha ido más allá de morderse el labio hacia un lado, entornar los ojos o respirar como la actriz, sino que ha modulado la voz y la dicción para verla a ella, a Norma Jean y su esfuerzo constante para separarse del mito.

Blonde se ha estrenado en plataformas. Es la opción actual que facilita el visionado, sobre todo a quienes nos gusta poco movernos de casa, disfrutando de la película sin crujido de palomitas ni zumbidos de móviles, gozando de ser parte de un público minoritario, el amante del cine como arte, el capaz de dejar a un lado el gusto personal.

Envía tu noticia a: participa@andaluciainformacion.es

TE RECOMENDAMOS

ÚNETE A NUESTRO BOLETÍN