El olor de la Feria

Publicado: 05/07/2022
Autor

Adelaida Bordés Benítez

Adelaida Bordés es académica de San Romualdo. Miembro de las tertulias Río Arillo y Rayuela. Escribe en Pléyade y Speculum

Hablillas

Hablillas, según palabras de la propia autora,

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Las arrugas han comenzado a romper y despegar la ilusión captada y cosida a un vestido de flamenca en la escalinata del parque
Nos lo dejó el levante furioso de hace un par de semanas, regalándole a la de San Juan el temblor derecho y natural de las llamas enrojeciendo la noche. Es el santo y seña, la fogata caldeando la metáfora que da olor al verano, el de la hierba seca, el del fango salado, un olor que se impregna del dulzor caliente del algodón de azúcar y del aceite hirviendo donde se estremecen y encorvan las láminas de patata al freírse. El verano isleño se acompaña con la alegría del reencuentro entre palmas y bailes por sevillanas y después de treinta y nueve años vuelve al parque, al lugar donde fue creciendo con nosotros.

La curiosidad se ha acomodado entre los recuerdos desde la publicación de la noticia. Sin ser domingo por la tarde, sin lluvia ni frío y sin querer resistirnos hemos encontrado el momento para coger la caja de las fotos-quienes la tengamos-comprobando que aún conservan el olor de los líquidos del revelado, que están amontonadas como las imágenes que nos están pasando por la cabeza y que las de la feria especialmente tienen el tono sepia de los recuerdos detenidos entre las volutas blancas que las orillan. Las arrugas han comenzado a romper y despegar la ilusión captada y cosida a un vestido de flamenca en la escalinata del parque,el calesín de plástico recibiendo los arreos de un pequeño oel cartucho de garrapiñadas sin hacer caso a los dientes que crecíandespués de desterrar a los de leche.Nos vemos bajando los peldaños agarrados a una mano,el sonido del carrusel acercándose, esperando nuestro vuelo breve impulsado por unos brazos adultos para entrar en un platillo volante o nadar a lomos de un caballito de mar. Pero las fotos cuentanmucho más desde su silencio de brillos, hablan del enganche de la hebilla del zapato en el saliente que la rompió, de la ilusión por los primeros tacones en unos pies tan menudos, del crujido de la enagua bajo el vestido por el exceso de almidón, del dolor de barriga por tantas garrapiñadas o la aventura de haber estado en el lejano oeste sin salir de La Isla.

Aún nos separan unos días, por lo que será necesario calmar la impaciencia y aquietar el pensamiento. A la primera será cuestión de distraerla, el segundo es irrefrenable, sin embargo será grato imaginar el momento del encendido, de ver la portada y el parque llenos de luz, de bailar la primera sevillana mientras el recuerdo nos trae la de la margarita y el romero, nos cambia el rebujito por el Mirinda y la tabla de ibéricos por la ración de coquinas. El algodón de azúcar y las patatas fritas siguen igual, con el duelo dulce y cálido que define el olor de la feria.Disfrutémosla con alegría y prudencia.

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