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Martes 28/06/2022  

Hablillas

El disfraz del mono

No hay quien pueda con nuestro rincón. Vivamos la fiesta con prudencia y mesura.

Publicado: 23/05/2022 ·
11:44
· Actualizado: 23/05/2022 · 11:44
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Autor

Adelaida Bordés Benítez

Adelaida Bordés es académica de San Romualdo. Miembro de las tertulias Río Arillo y Rayuela. Escribe en Pléyade y Speculum

Hablillas

Hablillas, según palabras de la propia autora,

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El carnaval de Cádiz ha empezado su andadura con una tranquilidad entre paradójica y misteriosa. Cierto, aún se encuentra en la fase preliminar del concurso, que la fiesta en la calle tendrá lugar en el mes de junio con un programa tarde-noche, a la fresquita, como se ha publicado, con actos y actividades para todos los públicos.

A los más jóvenes les resultará raro, más bien fuera de lugar. Sin duda es un salto en el almanaque y en la tradición, si se quiere, por las circunstancias sobrevenidas. Sin embargo, hubo un tiempo en que a don Carnal le escondieron su nombre y salía a la calle durante los exámenes finales del curso escolar, lanzando papelillos encima de los problemas de matemáticas y tirabuzones de serpentinas sobre las preguntas de lengua española. Es inevitable evocar aquellas Fiestas Típicas Gaditanas, sin el nublado, el frío y los chaparrones del febrerillo loco que conocimos al ir saliendo de la adolescencia, mientras la cabalgata entraba en Fernández Ladreda dejando atrás el ribete azul verdoso del Parque Genovés. La fiesta tenía lugar en la capital, por tanto el día se iba escapando entre los paseos matinales y la comida obligada en Casa Samuel, para luego subir la cuesta del hospital San Juan de Dios hacia Vigorito S. A., cruzar la calle y sentarse en las murallas a esperar el desfile. Las Majorettes, el silbato de la capitana balanceando el bastón antes de lanzarlo tan alto como para darle tiempo de rematar una pirueta, las comparsas canarias haciendo bailar el reflejo en aquellos tocados llenos de cristales, las agrupaciones ganadoras del concurso y cuantos se apuntaban a la diversión, hacían olvidar la rutina, la cansina de los mayores y la de los estudiantes al filo de la saturación. Aquella jornada era un alivio, aun a sabiendas de encarar el efecto acumulativo, ya que al llegar a casa debíamos quitarle un rato al sueño para seguir estudiando.

La fiesta volvió a su fecha invernal, vistosa y burlona con el ingenio disimulando las incisiones críticas, se extendió a la provincia y este año la situación le aporta un barniz restaurador y un tanto cíclico, una historia que se repite cuarenta y tantos años después y aunque empecemos a disfrutar de cierta tranquilidad, nada asegura la ausencia de peligro. Ya se sabe, a los virus anteriores ahora se suma el del mono. A buen seguro que las agrupaciones le habrán sacado puntas y punteros mientras el simio salta por los móviles estampado en la etiqueta más conocida, como imagen de unas vacunas peculiares. Nos preguntamos si será su disfraz para estos días.

No hay quien pueda con nuestro rincón. Vivamos la fiesta con prudencia y mesura.

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