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26/06/2022  

El Loco de la salina

La Feria nos va a vover más locos

Total, por resumir, este año vamos a tener que emplear un plano detallado o el GPS para saber dónde están las cosas y no liarnos

Publicado: 10/04/2022 ·
22:20
· Actualizado: 10/04/2022 · 22:20
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Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás. Albert Einstein

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Estamos leyendo con preocupación las noticias que nos llegan al manicomio sobre la Feria de La Isla y aquí estamos que nos hierve el coco. No nos llega la camisa de fuerza al cuerpo, porque los locos estábamos acostumbrados a la Magdalena, pero parece que la Magdalena se va a quedar de momento llorando por los rincones, porque va a entrar de nuevo en sus eternas obras. Por eso la Feria se va a trasladar de una tacada a otros lugares. Los pitufos deben estar celebrando el cambio por todo lo alto, porque saben que por fin, después de muchos años de insomnio, podrán vivir y coger el sueño esos días infernales de julio. Ya decía Calderón de la Barca con toda la razón del mundo que la vida es sueño y que el que no duerme no vive. Por lo leído, desde el Parque de los patos hacia el Ayuntamiento se va a llamar el Centro, y Bahía Sur va a pasar a albergar el infierno de los cacharros. Antiguamente todo iba de golpe al Parque de los Patos. Aquello se quedó pequeño y la Feria emigró en 1983 a la Magdalena donde se ha mantenido hasta el día de hoy.

La cuestión es que los locos estamos hechos un lío con la Feria de 2022 y nos va a costar trabajo asimilar unos cambios que nos van a volver más locos de lo que ya estamos.

Vamos a empezar por el centro. Estamos en un mar de dudas. No sabemos si se van a poner las casetas de cantes por sevillanas tirando desde el Parque hacia la Casa Consistorial, y las de música de bullita juvenil tirando para el Barrero. Por lo cual, suponemos que la gente que vive en el Almendral se va a tener que ir a vivir a la Casería hasta que pase el vendaval. También desconocemos en qué zona se van a servir las tapas de tortilla, por supuesto con los pimientos fritos, y dónde irán a parar las de los pinchitos morunos. Asimismo nos imaginamos que el turrón duro y el blando correrán la misma suerte e irán juntos al mismo sitio, aunque la cosa no está del todo clara. Las papas fritas y las almendras garrapiñadas creemos que deben mantenerse cerquita. Y los algodones seguramente los colocarán cerca de Isla Salud para matar dos pájaros de un tiro. Por lo que nosotros sabemos de la forma de ser de los cañaíllas, les va a costar trabajo bailar en la calle Real mientras el tranvía haga el ruido que está haciendo y que no lleva ni mucho menos el ritmo de las guitarras.

Ahora vamos con el infierno. Está claro que los grandes aparatos que pegan vueltas escalofriantes irán pegados a Caño Herrera, porque será más curioso y menos peligroso recoger del agua del caño a los atrevidos, que verlos aterrizar de mala manera en el cemento. Como los locos pensamos que los feriantes van a estar cabreados por tenerse que instalar allá en las afueras por Bahía Sur, este año no nos vamos a montar en el tren de los escobazos, porque lo que nos faltaba es que nos dieran fuerte en la cabeza con lo delicada que la tenemos. Tampoco vemos el sitio demasiado apropiado para instalar la casa del terror. Los niños no entenderán que los lleven hasta allí tan lejos y tan oscuro para ponerles los vellos de punta.

Total, por resumir, este año vamos a tener que emplear un plano detallado o el GPS para saber dónde están las cosas y no liarnos.

Paisanos, nos espera un mes de julio de categoría.    

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