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Martes 28/06/2022  

El Loco de la salina

Andalucía y Ucrania

Así, es posible que la paz se impusiera sin caer en la tentación de las armas

Publicado: 28/02/2022 ·
21:33
· Actualizado: 28/02/2022 · 21:33
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Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás. Albert Einstein

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Hoy me he levantado fatal. Me duele la cabeza a rabiar, y, a pesar de las dos mil pastillas que llevo metidas en este cuerpo serrano, no se me quitan los dolores. Me ha parecido que el manicomio hoy está, como nunca, en silencio. Sin embargo, hoy es el Día de Andalucía, y día de pleno Carnaval. Por eso los locos se han levantado dispuestos a disfrazarse, no creo que de locos, porque ya lo son de verdad, sino de cualquier Napoleón que se les ocurra o de Juana la loca. Pero yo, no sé qué me pasa, que las ideas se me cruzan en el coco y no me acabo de centrar. Pienso en Andalucía, porque es el día de los andaluces, y sin embargo automáticamente se me viene a la mente Ucrania, porque sufre la maldita guerra. Es complicado pensar en una y olvidar a la otra. No puedo estar en fiesta y con la preocupación metida en el alma. Me es imposible ir disfrazado de blanco y de negro, de vida y de muerte. Por una parte, estoy orgulloso de ser andaluz, de vivir en esta tierra, pobre pero luchadora, y de llevar en mi sangre la forma de hablar, la forma de ser, la manera de afrontar la vida…, y por otra me avergüenzo de ser hombre, aunque loco, porque no puedo entender que el hombre haya inventado la guerra, palabra maldita que hace tiempo tendría que haber sido borrada de los diccionarios. Estamos en el siglo XXI y hemos aprendido muy poco de la inutilidad de las armas. Al final lo que queda en el mapa son muchísimos muertos y una paz tardía y sangrienta, firmada a costa de muchísimo sufrimiento de los de siempre.

Es bonita Andalucía con su mar, su clima, sus campos, su paraíso. Cada provincia andaluza tiene un imán irresistible que atrae a todo el que la conoce. Pero siguen cayendo los misiles en Kiev y se llevan por delante personas inocentes que darían la vida por escapar del infierno. Desgajada de la Unión Soviética hace algunos años, soñaba con su camino independiente y democrático hasta que el sueño se le está haciendo irrespirable. Los andaluces también soñamos en un futuro mejor y en que nuestra gente no se tenga que ir al extranjero a buscar la limosna de un dinero sudado amargamente. Pero los ucranianos no tienen tiempo ahora de pensar en el futuro, sino solamente en el rabioso presente. Caen las bombas sobre sus cabezas y siguen resistiendo.

He decidido que hoy no me voy a poner ningún disfraz. Es Carnaval, pero como si no lo fuera. En esta pequeña bola que es el mundo, o nos disfrazamos todos o se rompe la baraja. Las ocho provincias andaluzas están hoy de fiesta. Muy cerca de aquí, porque cada día que pasa, las distancias se acortan, están de guerra.

Me duele la cabeza tanto, que me va a explotar. Se me viene a mi desquiciada mente cuando aquí en España, no hace tanto tiempo, reinaba también la infame guerra. Por eso, habría que desterrarla para siempre. Todavía hay quien nos achaca a los andaluces que somos flojos, que no sabemos hablar, que yo qué sé. Todo esto pierde su importancia cuando manda la destrucción.

Y ¿cómo parar semejante disparate? Quizás una forma sería que los que firman la guerra tuvieran que poner a sus respectivas familias, con sus queridos hijos, en la primera línea de combate, allí donde la muerte es casi segura.

Así, es posible que la paz se impusiera sin caer en la tentación de las armas.

 

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