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Domingo, 09/08/2020

El jardín de Bomarzo

La hora de maldita

Publicado: 07/02/2020 ·
12:36
Actualizado: 07/02/2020 · 12:36

Estamos recibiendo en nuestros whatsapps memes continuos sobre la enfermedad del coronavirus, los chinos y demás gracias

  • El jardín de Bomarzo.

"La epidemia de rumores e informaciones falsas es un fenómeno real con el que hay que lidiar desde el principio, cuando hay cuestiones que todavía se desconocen y la gente intenta llenar esos vacíos con diferentes tipos de información". Sylvie Briand, directora del área de preparación para urgencias infecciosas de la Organización Mundial de la Salud en rueda de prensa sobre las publicaciones en redes y medios que contribuyen a la desinformación, el miedo y la xenofobia. 

Estamos recibiendo en nuestros whatsapps memes continuos sobre la enfermedad del coronavirus, los chinos y demás gracias y, lo que es peor, enlaces con vídeos e informaciones que consumimos como verdad sin pensar que no todo lo es. 

La desinformación deliberada es uno de los mayores ataques que sufrimos en esta sociedad pegada al móvil, redes e internet. Es un ataque a nuestra libertad de opinión, que se presenta bajo ese mástil inquebrantable que todo lo sostiene cual es la libertad de expresión. Nos creemos libres respecto a nuestro pensamiento, ideas, criterios e, incluso, elecciones, pero no lo somos si consumimos información falsa o verdades a medias, si permitimos la manipulación de forma inconsciente. Porque cada información que recibimos por whatsapptwitter o facebook, salvo que proceda de un origen sobre el que previamente desconfiamos, son consumidas, pese a que procedan desde el más oscuro anonimato, como grandes verdades y raudos contribuimos a su posterior distribución dándole al ventilador. El resultado es que en pocas horas se generan estados de opinión difícilmente anulables. Y si construir un estado de opinión sobre una epidemia situada a 10.292 kilómetros puede resultar un tanto irrelevante, manipular nuestro criterio sobre la política nacional, autonómica o local empieza a ser más serio. Conseguir nuestro apoyo o repulsa a una opción política que, quizás, con la verdad sería distinto. 

Hasta hace unos diez años la información era difundida por los medios de comunicación y el boca a boca en cafés o tertulias de amigos y/o familiares. Unos canales sobre los que conocíamos su tendencia y, por ello, la cautela estaba presente. Encontrabas una misma noticia contada de forma distinta por dos medios porque es cierto que toda información tiene sus matices, sus blancos, sus grises y sus negros. Pero se sabía y quien de izquierdas quería contrastar no se conformaba con leer El País, acudía a El Mundo o a ABC,y quien de derechas le inquietaba lo mismo no se quedaba solo en el relato de ABC. Además, la mentira descarada, la falsedad deliberada era -y es- una línea infranqueable por los medios serios porque una cosa es callar, exagerar, criticar o alabar reiteradamente y otra bien distinta difundir mentiras a sabiendas que lo son. 

La libertad de expresión es un derecho fundamental que alcanza una máxima protección en un estado en democracia. Lo mismo ocurre con la libertad sindical o el derecho a la representación política. Todos los demócratas tienen bien interiorizado que son valores a defender por encima de otras muchas cosas. Pero la protección de todos estos derechos no puede llevar al mal uso de ellos por parte de sus actores. Caso concreto de la evolución que está tomando la libertad de expresión en manos de gente sin escrúpulo, amparadas en el anonimato y a sabiendas de que sueltan falsedades que en pocos minutos circulan directamente por los móviles de miles de personas. Nuestra jurisprudencia ha venido siendo muy drástica en torno al derecho de libertad de expresión, de tal modo que insultar o dañar la dignidad de un político o personaje público se considera dentro de la libertad de expresión, de la libre opinión de medios y ciudadanos. Es como si al ser un personaje público vaya implícito poder ser pasto de la difamación, lo cual en absoluto preocupa a quienes están al margen de esa situación. 

No es conocido que jueces y tribunales en muchos casos vienen considerando admisible la mentira porque, parece, hay libertad de poder mentir sobre alguien o algo bajo el paraguas de la libertad de expresión. Nuestra constitución, leyes y jurisprudencia son perfectas para proteger el estado de derecho y la democracia de ataques de mordazas y censuras, pero cuando la sociedad evoluciona como siempre mucho más rápido que las leyes y, en este caso, la evolución es hacia el reinado de la noticia falsa, se hace necesario construir muros en defensa de todos, de nuestra propia libertad que no es tal si vivimos bajo la permanente amenaza de ser manipulados. 


Ante una mentira demostrada no se alcanza a entender que un juez la admita. Ante un ataque deliberado e injusto a la dignidad de una persona, sea quien sea, no parece razonable que un juez lo avale porque prime la libertad del que ataca sobre la dignidad del atacado. Ante informaciones falsas debería existir un mecanismo para poder expulsar de las redes a su autor, de señalarle públicamente. No se trata de amordazar, ni censurar, se trata de luchar contra la mentira, contra la desinformación y contra la creación de estados de opinión basados en falsedades. Mecanismos judiciales y rápidos parece que se presentan necesarios a la mayor brevedad por el bien de la sociedad; un frente común en pro de la información y contra la desinformación y es necesario insistir en esto ante el peligro enorme que supone no tomar conciencia de su magnitud.

The International Fact-Checking Network -Red Internacional de Verificación de Hechos- es una unidad del Instituto Poynter nacida en 2015 integrada por verificadores de hechos en todo el mundo que publican en su web bulos contrastados. En España tenemos Maldita.es que, en palabras de sus fundadores, es un medio sin ánimo de lucro cuyo fin es dotar a los ciudadanos de "herramientas para que no te la cuelen”. Maldita Hemeroteca, Maldito Bulo, Maldita Ciencia y Maldito Dato se centran en el control de la desinformación y el discurso público mediante técnicas de verificación de hechos -fact-checking- y periodismo de datos. Plataforma que fue galardonada con el Premio José Manuel Porquet de Periodismo en 2015 y finalista del European Press Prize 2016 y 2017. Su fundadora, Clara Jiménez Cruz, es la única persona española que ha formado parte del Grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación que constituyó la Comisión Europea en 2017 conformado por 39 expertos europeos de la sociedad civil, plataformas de medios sociales, organizaciones de medios de comunicación, periodistas y académicos y que en 2018 emitieron un informe sobre el impacto y difusión de las fakes news. En él definen desinformación como: información falsa, imprecisa o engañosa, presentada y promovida para obtener ingresos o causar daño público intencionado. Recomienda promover la formación en lectura de medios -media literacy- para contrarrestar la desinformación, el desarrollo de herramientas para desenmascararla, salvaguardar la diversidad y sostenibilidad de los medios de comunicación, que a su vez deberían plantearse como contribución la lucha contra el bulo. Si los medios serios no unen esfuerzos contra este lacra corren el serio riesgo de ser arrasados por esta riada de basura informativa; se prevé para 2022, en solo dos años, que más de la mitad de la información que recibamos sea falsa. Maldita la hora y la gracia. Con el riesgo añadido que supone para un ciudadano que, una vez asumido el hecho, terminará percibiendo todo como falso, hasta lo verdadero y esa sería la segunda consecuencia negativa: creer lo falso, no creer lo cierto. ¿Qué creer?

Aboga por el establecimiento de un Código de Buenas Prácticas para plataformas en línea y redes sociales: que garanticen la transparencia.  Estos son algunos ejemplos de los movimientos que se están produciendo para enfrentarnos a la desinformación, porque es cierto que la mejor manera de hacerlo es con nosotros mismos, buscando contrastar lo que nos cuentan en redes, bucear estas nuevas plataformas anti bulos, comunicarles a ellas los que conozcamos, en definitiva participar de forma activa en una guerra contra la mentira. Ya sabemos que el régimen nazi de Hitler utilizaba la mentira al pueblo para mantener los adeptos, no en vano fue Göbbels, el jefe de propaganda del dictador, quien tenía como principio la manida frase de "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad" y el destinatario de esto no era, no es, otro que el pueblo. Nos toca decidir si queremos creer verdades que sólo son mentiras repetidas por las redes a velocidad del rayo o preferimos defendernos y montar nuestro cordón sanitario popular contra la desinformación y las noticias falsas.

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Autor en Andalucia Información

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