Siete. Por el amor al perro de dos cabezas y cola de papel maché.

Publicado: 16/10/2019
Autor

Younes Nachett

Younes Nachett es pobre de nacimiento y casi seguro también pobre a la hora de morir. Sin nacionalidad fija y sin firma oficial

Sin Diazepam

Adicto hasta al azafrán, palabrería sin anestesia, supero el 'mono' sin un mísero diazepam, aunque sueño con ansiolíticos

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Nuestra raza es la humana, colorida, diversa y basada en el latir profundo y sencillo del corazón. Mi regalo es insistir en que hay pobres ricos y ricos pobres.
Siete. Siete años cumple el primero de mis hijos. Felicidades. Aunque quede reiterativo y cursi como una rosa empapada en helado de fresa, me cambiaste la vida. Pero hoy te felicito porque a tus siete años no entiendes de banderas, ni de fronteras, ni de dioses, ni de religiones. Ojalá sigas así. Si te cuento que nuestro pendón es color negro con un libro abierto en el centro, no dudarías en creerme. Si te explico que nuestro dios tiene forma de perro con dos cabezas y cola de papel maché, y que le rezamos escupiendo antes de comer, lo harías. Si te juro que no hay más fronteras que la que separa el corazón de las entrañas, jamás me preguntarías por qué mueren en nuestra orilla cuerpos hechos patera. Te felicito porque el mundo tiene mucho que aprender de los niños, de esa inocencia que a base de mentiras le arrebatamos los adultos, siempre cobardes, siempre gregarios, siempre asustados.

 Mi regalo es y será mantenerte sin patria, alejado de las enseñas y estandarte, de los dioses y los textos sagrados escritos por hombres y usados por hombres para que mueran los hombres (y las mujeres). Mi regalo es y será tratar de llevarte por un camino libre de todas esas mierdas. En lo posible, claro está, porque el poder de un padre es limitado, más en un mundo sembrado de zurullos. Cumples siete años en pleno siglo XXI y en la tele los imbéciles juegan a quitarse unos a otros las putas banderas. Mi regalo es decirte claramente que llevarte al extremo es lo que querrá el poderoso para que luches por su bolsillo, para que mueras en pro de su cartera. El rey eres tú y no cualquier imbécil de línea sucesoria por parentesco o cuestión sanguínea. Mi regalo es decirte que lo que diga la mayoría no va a misa y que en algunas cosas mejor ser minoría. Que nadie te imponga ideales, ni siquiera un servidor. Lo mío son consejos, no dogmas, ni credos. Mi regalo, en este día, es dejar que elijas tu propio mundo y tus propios dioses, deseando, anhelando, que se parezcan a los míos, es decir, emblemas negras con libros abiertos en el centro y dioses con forma de perro de dos cabezas y cola de papel maché.

Pero si prefieres una bandera transparente o un dios con forma de pene, pues que así sea, pero que sea tuyo, nunca impuesto. Que así sea pero siempre cambiante y nunca vinculante a que mueras por ellos. Mi regalo es inculcarte que respetes a quienes aman otras banderas y otras deidades, siempre y cuando ellos a ti, a nosotros, también nos respeten. Parece sencillo, pero arduo es el trabajo. Mi regalo es que dudes incluso de estas palabras. Duda de todo, no tengas miedo en tener diez mil certezas hoy, las mismas que mañana desechas. Cuidado con las verdades, y más con las absolutas. Huye de los profetas. Cágate en lo que quieras. Practica el mandar al quinto pino y ejercita el me importa un pepino. Aprende a decir no, apúntalo que es quizás lo más importante junto a soñar con rimas consonantes.

No hagas lo que no quieras que te hagan, y aunque no soy dado a la violencia tampoco soy pacifista. Olvídate de la otra mejilla, porque para que llore tu madre, que llore la suya, siempre y cuando sea para defenderte. Nunca ataques sin ser atacado. Defiéndete siempre y defiende tus causas si son nobles y defiende a las personas nobles que luchan por sus causas. Nunca abuses del débil, el héroe es el que vence al malvado más poderoso, el villano es el que busca su fuerza riéndose de los desvalidos y desamparados. No causes dolor de forma gratuita porque si algo que sobra es este mundo es eso, dolor. Cumple la ley solo si es justa. A veces los buenos están en la cárcel y los malos son quienes tienen las llaves de las celdas. Cuida la vista, el tacto, el olfato, el gusto y el oído, pero nunca dejes de lado el menos común de los sentidos, el sentido común.

En estos tiempos te reitero que mi nacionalidad eres tú y la gente que quiero es la única que habita en mi país. Nuestra raza es la humana, colorida, diversa y basada en el latir profundo y sencillo del corazón. Mi regalo es insistirte en que hay pobres ricos y ricos pobres. El género tampoco define un carajo, ni en lo bueno, ni en lo malo. El universo es mujer, hombre, Lgtbiq, materia oscura, hidrógeno, helio, oxígeno, carbono, neón, nitrógeno, magnesio, estrellas, planetas, agujeros negros, berzas, atún rojo y amor, mucho amor.

No hay que dar nada por sentando. Mi regalo es luchar para que no haya nunca una frontera que te impida viajar por la vida y por el mundo libre de putas barreras. Mi regalo son palabras y afán de que mejores la comprensión lectora. Mi regalo es animarte, todos los jodidos días, a que estudies, a que aprendas, a que ojalá comprendas que la cultura es el único cofre de riqueza que vale la pena y la empatía es la puerta abierta por la que se desinfla la tristeza. Mi regalo es igualdad. No te pienses mejor que nadie, y así sabrás siempre que no eres peor que ellos.  Mi regalo es poco más que esto que ya es mucho más de lo que tienen el resto. Eso sí, por el amor a ese perro con dos cabezas y cola de papel maché, escupo antes de comer, amén, no te olvides nunca de recoger tu cuarto. Feliz cumpleaños mi amor.

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