Actualizado: 09:46 CET
Lunes, 19/08/2019

Alcalá la Real

Antonio Mudarra y Nicolás González: héroes que salvan vidas

La actuación de los dos agentes de la Policía Local fue determinante para salvar al hombre y sus dos hijas afectadas por el incendio de Avenida de Andalucía

  • Los agentes Antonio Mudarra (izquierda) y Nicolás González.

Los agentes de la Policía Local no se encuentran ni específicamente preparados ni desde luego equipados para intervenir en un incendio. Sin embargo, en ocasiones, su función esencial de servir y proteger a los ciudadanos les coloca en situaciones en las que deben poner en riesgo sus propias vidas para salvar las de otros. Ha sido el caso de los agentes de la Policía Local de Alcalá la Real Antonio Mudarra Yeguas y José Nicolás González Barceló. Su actuación en el incendio que se producía en un piso situado en la esquina de Avenida de Andalucía con Blas Infante, pasadas las tres de la tarde de este lunes, 8 de julio, ya ha sido calificada de heroica, no solo por la determinación y valentía demostrada por los dos policías, cuya intervención fue esencial para salvar la vida de las tres personas, dos de ellas niñas de corta edad, que en ese momento se encontraban en el balcón de la vivienda anexa, sino por haberlo hecho poniendo en serio riesgo su propia integridad física, con sus simples uniformes, sin ninguna protección ni equipación para encarar una situación de tan extrema peligrosidad.

En el momento en el que la Policía Local recibe el aviso del suceso, los Bomberos de Alcalá la Real se encontraban sofocando un incendio en la pedanía alcaudetense de Noguerones. Testigos del siniestro habían alertado de que había personas atrapadas en el interior del piso, por lo que la urgencia de la intervención era absoluta. El subinspector jefe, Miguel Ángel Teva nos narra cómo fueron esos momentos decisivos. “Cuando llega la patrulla desplazada al lugar, comprueban que había un hombre y una pequeña asomados al balcón contiguo a la vivienda donde tenía lugar el incendio. Salía mucho humo y fueron conscientes de la gravedad de la situación. Sin pensárselo, sin equipo de oxígeno, ni medio alguno para atacar el incendio, los agentes entraron en el edificio y rescataron a los tres miembros de la familia. Debo señalar, igualmente, la rapidez con la que los servicios sanitarios llegaron al lugar, y en especial, el papel jugado por el enfermero Agustín Calleja, fundamental en salvar la vida del bebé, que le fue entregado por uno de los agentes. También él puso en riesgo su propia vida. Fue evacuada inmediatamente la niña de tres años, al igual que su padre, literalmente bajado a cuestas por el agente Barceló, ya que el hombre había sufrido quemaduras en manos, brazos y piernas, al tratar de sofocar el mismo las llamas, al parecer originadas en un colchón, que al ser sacado al rellano, actuó como un obstáculo más para acceder al interior”.

“Cuando llegas y ves a un hombre en un balcón, con un bebé en brazos y una pequeña, no te lo piensas”, confiesa el agente Antonio Mudarra, “aunque, lógicamente, no subimos a lo loco, analizas los riesgos, porque sabemos lo que es un incendio; al acceder, de hecho, fue el colchón el principal problema, una vez que extinguimos el fuego con el extintor, pudimos subir, pero el humo hacía muy difícil avanzar, y también era lo que más nos hacía temer por ellos; intenté derribar la puerta, y me dijeron que el hombre había conseguido pasarse a la vivienda de al lado, lo cual nos tranquilizó un poco”. “Volvimos a bajar para coger oxígeno y al subir ellos habían abierto la puerta del piso de al lado, entonces fue cuando pudimos cogerlos, al hombre que llevaba al bebé en brazos, y que gritaba por el dolor de las quemaduras en sus brazos. Fueron momentos de gran tensión, ya que al abrir las puertas, el aire insufló fuerza al incendio, y supimos que teníamos que salir de allí de inmediato”.

El agente Nicolás González Barceló insiste en reconocer no el mérito de ellos mismos, sino el de todos los demás profesionales que intervinieron en el siniestro, Guardia Civil, médicos, enfermeros, “como la mujer que se acercó a mí, que además era ATS, y que atendió a la chiquilla cuando llegué a la calle con ella, y no sabía qué hacer; también a nuestra compañera, en la oficina de la Policía, que atendió el teléfono, y cuya coordinación fue esencial”. Incluso hay palabras de agradecimiento para vecinos y ciudadanos anónimos que en ese momento ayudaron, aunque fuese ofreciendo agua. Todos, en definitiva, pusieron su granito de arena para que hoy no tengamos que estar hablando de una tragedia.  

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