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Domingo, 19/01/2020

Acento andaluz

¡No seas animal!

Cada cierto tiempo, me recorre un calambrazo interior que me retrotrae a ese mensaje sobre las vergüenzas del hombre... Por Fernando P. Monguió

Por Fernando P. Monguió

En homenaje a ese santuario de la sabiduría, la ironía fina y la palabra al servicio del humor y la crítica social -mal que les pese a algunos catalanes con la piel muy delicada- que es el Gran Teatro Falla durante el Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz que se celebra estos días, comenzaré recordando una frase demoledora que cantaron en 1999: “¡De sinvergüenza ni hablar, me da vergüenza de ser un hombre!”. Así acababa un valiente pasodoble con el que la chirigota ‘Los Yesterday’, del autor Juan Carlos Aragón -profesor de Filosofía-, sacudió algunas conciencias al priorizar la condición humana del hippie, tipo del que iban disfrazados -“carotas, vividores, melenudos y grifotas”- frente a “los cabezas rapadas”, a “carotas con la baba llena de whisky” y a “una puerca humanidad con tantos crímenes sin nombre”.

Cada cierto tiempo, me recorre un calambrazo interior que me retrotrae a ese mensaje sobre las vergüenzas del hombre. La última campaña del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) #NoSeasAnimal,  destinada a combatir el acoso callejero a las mujeres, arrancó de mis recuerdos estampas de las que todos hemos participado o hemos sido testigos, y de las que mujeres próximas -madre, hermana, primas o amigas- han sido víctimas. El calambrazo se convirtió en escalofrío cuando pensé que mis hijas algún día serán acosadas.

Gracias a esta campaña, sentí vergüenza del búho que no quita ojo de encima, del buitre siempre al acecho, del cerdo que grita barbaridades, del gallito que piropea a unos metros de distancia, del gorrión que reclama tu atención silbándote o del pulpo que se pega cada vez que puede. Sentí, en definitiva, vergüenza de ser un hombre.

Si los jóvenes -a los que va dirigidos fundamentalmente los anuncios- se sienten reflejados cuando los vean, se darán cuenta que estos comportamientos no son propios de personas y que cada uno tiene que ayudar para que esta fauna callejera se extinga porque el acoso callejero es una práctica socialmente aceptada, pero cosifica a la mujer y la señala como objeto sexual en una manifestación más de la cobarde y maldita violencia machista.

Por todo ello, les pido que busquen en las redes o en los medios esta campaña por la que el IAM merece mi más sincero aplauso. Máxime después de que muchos machistas consiguieran su retirada momentánea en Youtube porque entendían que tenía un contenido ofensivo. Menos mal que esta red enseguida la restituyó.

Posdata sobre la AP-4: Quedan 709 días para que finalice el injusto peaje de la autopista Sevilla-Cádiz.

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