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Jueves, 15/11/2018

Acento andaluz

El profundo estómago del Estrecho y de Alborán

Si las mafias te arrojan al mar en una embarcación atestada, sin víveres ni combustible suficiente, jugarás a la ruleta de la vida o la muerte

El levante sopla con tanta fuerza que neutraliza el impulso de los motores y te precipita al abismo del inmenso Atlántico. Las rachas son tan violentas como traicioneras. Elevan las embarcaciones como si de catapultas se tratasen y, a menos que tengas grandes reflejos y te agarres con fuerza, saldrás despedido al agua. Pongámonos que sopla el poniente: marejada, el agua salpica, el frío te congela y las olas pueden triplicar la altura de las pateras. Si sopla el norte te atrapará la hipotermia; si combate el sur te quedarás sin combustible y apenas te habrás separado de la costa marroquí de la que partiste.

Si el levante está en calma, el silencio será tan sonoro que escucharás toda clase de ruidos de orcas, ballenatos, delfines, atunes o marrajos que se acercarán a las balsas por curiosidad. Si hay niebla, perderás la orientación de tu travesía. Si llueve tendrás que achicar agua para evitar que zozobre la patera. Si se derrama parte del combustible y se mezcla con el agua salada que haya salpicado del oleaje, te quemarás los pies. Si tu singladura no acaba de noche, reza porque no haya un día soleado que te provoque en 4 o 5 horas una insolación y una deshidratación irreversible.

Si las mafias te arrojan al mar en una embarcación atestada, sin víveres ni combustible suficiente, jugarás a la ruleta de la vida o la muerte para que te encuentre algún barco o helicóptero de Salvamento Marítimo. Si tienes la suerte de aproximarte a la costa, tendrás que sortear arrecifes, remolinos, rocas empinadas y rugosas, erizos que se clavarán en tu cuerpo, y morenas que morderán al sentirse amenazadas. Si caes al agua, nada tranquilo y evita que el pánico se apodere de ti porque corres el riesgo de sufrir un calambre y serás una marioneta para las mareas y un delicioso cebo para los ‘bichos’ de las profundidades.

La última embarcación víctima del drama migratorio se topó con fuerte viento de levante pero logró llegar a Almería. Al ver cerca su salvación, sus ocupantes subsaharianos se pusieron nerviosos y la patera volcó a escasos metros de la costa. 30 fueron rescatados y evitaron el profundo estómago del Estrecho y del Mar de Alborán, que sí se tragó la vida de 3 inmigrantes –dos adultos y una niña de 10 años-. La pequeña quedó atrapada bajo la balsa. Seguramente iba amarrada para que el levante no la despidiera al mar.

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