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Lunes 25/10/2021

Cádiz

El año más oscuro de los bares de la noche gaditana

Hablamos con varios empresarios del ocio nocturno gaditano de cómo han sobrevivido en el último año con el cese de actividad, horarios y demás restricciones

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  • Ocio nocturno.

Hace una semana caía el estado de alarma y con ello se recuperaba la noche. El fin del toque de queda y la ampliación de horarios en comercio y hostelería podrían suponer el inicio de una recuperación que no va a ser rápida ni fácil. Después de más de un año con escasa actividad muchos son los negocios que se han quedado en el camino. Muchos de ellos pertenecen al sector de lo que llaman ocio nocturno. 

Sobrevivir a una pandemia cuando tu sustento es un bar de copas, con las limitaciones de aforo, las restricciones horarias y el toque de queda ha sido toda una hazaña para la mayoría. Quizás de las situaciones más complicadas a las que se han enfrentado en materia laboral y económica. Hemos hablado con algunos de estos hosteleros de la noche de la capital gaditana para saber cómo han superado el último año.

“El último año ha ido tan mal que he tenido que cerrar uno de los dos locales que llevaba”. Nero ha tenido que cerrar el M2, en la calle Manuel Rancés, ya que optó por quedarse el que tenía el alquiler más barato de los dos. La Chupitería, en Doctor Zurrirá, ha podido mantenerse abierto por ser un local más amplio y disponer de más aforo. Aun así tan solo puede utilizar actualmente nueve mesas con el aforo al 50%.

Antes de la pandemia “mis dos negocios iban muy bien, porque siempre venían universitarios y Erasmus y funcionaban de lujo”. Pero ahora se hacía complicado pagar el alquiler de los dos locales. Además, el Ayuntamiento ha pasado de nuestras peticiones. Así que fatal. Es imposible hacer frente a los gastos sin tener ingresos”, explica Nero. 

Las restricciones horarias también complicaba las cosas. “Solo he estado abriendo la Chupitería cuando nos permitieron hacerlo hasta las 22.00 horas”.

Sin embargo, Nero ha apostado por llevar un nuevo negocio en la plaza del Mentidero. ‘La Gintonería’, que cerró hace unos meses, volvía a abrir este pasado jueves. Comenta que “casi que me he visto obligado a cogerlo, porque o monto terraza o me voy a la ruina”.

En la misma calle Manuel Rancés, haciendo esquina con Beato Diego, se encuentra el BD8. Este en el último año tan solo ha abierto durante tres semanas el pasado verano. Actualmente está cerrado y Chendo, su propietario, asegura que no tiene intención de abrir por ahora. Ha conseguido sobrevivir en mitad de esta crisis, confiesa, “gracias a la ayuda máxima de mi familia”.

“No me fío de volver a abrir ahora”, nos cuenta. “En verano ya hicimos una inversión para acondicionar el local, productos de limpieza específicos para la desinfección, mobiliario nuevo para readaptar las distancias de seguridad… y me lo comí todo con patatas, porque nos cerraron en tres semanas”. Ahora tiene la sensación de que va a volver a ocurrir lo mismo. “Volveremos poco a poco a acondicionarlo de nuevo, pero con un margen y estando a la expectativa de la evolución. Conforme lo veamos iremos actuando”. Aún no sabe si finalmente abrirá en julio, agosto o septiembre. 

Reconoce no tener mucha esperanza. “Me la han quitado. A mí me encantaba mi trabajo, teníamos nuestro hueco, nuestra clientela… pero ahora mismo estoy intentado recuperar fuerzas y ganas”. 

De los últimos meses lamenta cierta “deslealtad” por parte de algunos locales “que han dicho que han puesto comida para poder abrir y no ha sido del todo así”. “No es el caso de compañeros cercanos de esta zona, como el Rollin’Rock Pub que sé que sí que ha tenido comida e incluso nos ha animado a intentarlo. Pero sé que otros no lo han hecho”. Y de otro lado, también ve que ha habido cierto intrusismo por parte de locales hosteleros no especializados en licorería. “Yo no sirvo cafés porque no entiendo de café, pero sí de licores y sé qué bebidas alcohólicas contienen alérgenos, por ejemplo”. 

El BD8, a diferencia de otros locales, no ha intentado reconvertirse en otro tipo de negocio, ofreciendo cafés por ejemplo. “Quizá fue equivocación mía, pero decidí no hacerlo como ejercicio moral, siendo consciente de lo que puede llegar a ocurrir en un pub”. Además, piensa que la localización no era propicia para ello. “Si nos hubieran dado la posibilidad de poner terraza igual podríamos haber sacado algo”. 

“Ha sido muy duro. De hecho yo he estado a punto de cerrar dos veces definitivamente”, relata Daniel Gallardo, del Rollin'Rock Pub, en la calle Isabel la Católica. “En noviembre hice cuentas y tal y como iba la cosa, con las restricciones, la falta de salida…  pensé que en enero cerraría definitivamente. Porque accedimos al préstamo ICO pero se nos acabó en noviembre”. Explica que desde marzo del 2020 "todos los meses eran pérdidas; es imposible mantener un ritmo para un local cerrado, un bar de copas sin ventanas y sin terraza”. 

Cuando se les acabó el ICO tuvo que pedir un nuevo préstamo, “y con eso hemos aguantado”. Enero y febrero fueron dos meses “increíblemente malos”. Entonces el aforo estaba reducido al 30% y sólo podían abrir hasta las 18.00 horas. “En esos dos meses dejé de abrir muchos días porque no merecía la pena, me costaba más tener las luces encendidas que estar abiertos. Me volví a plantear el cierre si marzo hubiera sido igual a los meses anteriores. Porque llega un punto de no retorno, porque la liquidez que hay no es suficiente para mantener los gastos”. 

Al final fue abriendo poco a poco y Gallardo cree, espera, que “si sigue así la cosa sobreviviremos”. 

A lo largo de los últimos meses desde el Rollin’Rock han tenido que ir adaptándose a los horarios y el aforo. Incluso tuvieron que optar por servir cafés y comida fría. “Nosotros no somos un bar con cocina. Nos obligaron a poner comida para poder seguir abiertos, y un local sin cocina tiene muchas limitaciones a la hora de poder ofrecer algo”. 

Aunque el problema principal es que este tipo de bares, por mucho que intenten adaptarse, tienen un rol muy específico. “Es como decirle a una librería que se adapte y ponga un horario de apertura de 1.00 a 6.00 de la madrugada. Por mucho que lo intenten no va a funcionar en ese horario. Pues lo mismo pasa con nuestros negocios”, nos cuenta. 

“La verdad es que nos hemos mantenido gracias a una clientela muy fiel que ha estado allí apoyándonos. Pero es insuficiente porque estamos hablando de un horario de actividad en el que solo funcionas productivamente durante unas tres horas semanales. Y con un público muy reducido”, lamenta. 

En definitiva, el año “ha sido muy duro”. “Además teniendo en cuenta que cada semana había reunión del Consejo de Expertos y había que ir adaptándose a las nuevas decisiones. Las pocas compras que podías hacer no sabías si iban a servirte para la siguiente semana o no. 

En la misma calle, a apenas unos metros, se encuentra desde hace casi quince años el Karaoke Las 3 Décadas. Al igual que el resto, abrió el pasado verano hasta que cambiaron las normas. En octubre se vieron obligados a solicitar una licencia para ofrecer comida y poder abrir en el horario permitido. “Comida evidentemente envasada, porque no tenemos cocina”, relata Amalia Llamas, una de sus propietarias. “Desde entonces nos hemos mantenido abriendo adaptándonos a los horarios que había. Porque las facturas seguían pasando”. 

Estuvieron abriendo de 15.00 a 18.00 horas, antes de que ampliaran el horario hasta las 22.00. Reconoce que también han conseguido sobrevivir gracias a una clientela fija “que ha respondido fantásticamente. Han estado adelantando sus horarios de comidas para poder estar las tres horas en el bar, y han pedido que se le reservara las mesas para poder venir”. 

Pocas ayudas 

Todos coinciden en algo: falta de ayudas por parte de las administraciones. Han podido ser beneficiarios al menos de la del cese de actividad del Gobierno y la mayoría ha accedido a los créditos ICO. Pero no han tenido mucho más respaldo. 

"De la Junta no hemos recibido ninguna ayuda”, comenta Daniel Gallardo. De las ayudas que anuncia el Gobierno andaluz “detrás viene la letra pequeña”. “Cuando dicen que van a hacer una ayuda al alquiler de equis cantidad, lees la letra pequeña y te das cuenta de que no puedes acceder a ella. Yo no he podido optar a ninguna”. Por ejemplo, “la famosa de un solo pago de 1.000 euros —que a ver cómo se afrontan las deudas con 1.000 euros— era compatible con el resto de ayudas excepto con la del cese de actividad. Es decir, tenías que elegir entre ese solo pago de 1.000 euros de la Junta o tenías un pago mensual de 670 euros”.

Con respecto a la ayuda del ejecutivo andaluz al alquiler de 4.000 euros, Gallardo señala que "si en su momento el propietario del local no entregó la fianza en el registro de viviendas de la Junta responsabilizaban al inquilino por ello. Por lo tanto tampoco podías acceder a ella”. En el caso del Rollin’Rock no pudieron optar, aunque Nero sí lo consiguió para mantener uno de sus dos locales.

“Dijeron desde el Ayuntamiento que iban a ayudarnos en el tema de impuestos municipales en los suministros pero no lo han hecho. Yo he seguido pagando lo mismo.”, expone Amalia Llamas. “Mantuvimos una reunión, se hicieron una foto con nosotros pero después no se hizo nada más”.

También lamentan no haber tenido respaldo por parte del Consistorio para poder hacer uso de terraza en sus locales. "Yo llevo desde el 23 de junio del año pasado solicitando permiso para poner fuera tres mesas altas en mi bar, y a fecha de hoy todavía no me han contestado”, añade Llamas. Nero, de la Chupitería, también quiso solicitarlo. “Intentamos pedir que nos dejaran terrazas pero Martín Vila nos dijo que era imposible por la localización. Aunque le expusimos que en San Fernando, por ejemplo, hay una calle que en horario de mañana es transitable por vehículos y por la tarde se hace peatonal para que los bares puedan colocar las terrazas. Pero nos dijo que aquí no podía ser así”. 

En definitiva, aseguran que tanto la Junta como el Gobierno “han ido lentos, mal e insuficiente”.  “Con mucho sacrificio hemos ido aguantando, pero cualquier ahorro que tuviésemos ha volado”. 

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Hablamos con varios empresarios del ocio nocturno gaditano de cómo han sobrevivido en el último año con el cese de actividad, horarios y demás restricciones

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  • Ocio nocturno.

Hace una semana caía el estado de alarma y con ello se recuperaba la noche. El fin del toque de queda y la ampliación de horarios en comercio y hostelería podrían suponer el inicio de una recuperación que no va a ser rápida ni fácil. Después de más de un año con escasa actividad muchos son los negocios que se han quedado en el camino. Muchos de ellos pertenecen al sector de lo que llaman ocio nocturno. 

Sobrevivir a una pandemia cuando tu sustento es un bar de copas, con las limitaciones de aforo, las restricciones horarias y el toque de queda ha sido toda una hazaña para la mayoría. Quizás de las situaciones más complicadas a las que se han enfrentado en materia laboral y económica. Hemos hablado con algunos de estos hosteleros de la noche de la capital gaditana para saber cómo han superado el último año.

“El último año ha ido tan mal que he tenido que cerrar uno de los dos locales que llevaba”. Nero ha tenido que cerrar el M2, en la calle Manuel Rancés, ya que optó por quedarse el que tenía el alquiler más barato de los dos. La Chupitería, en Doctor Zurrirá, ha podido mantenerse abierto por ser un local más amplio y disponer de más aforo. Aun así tan solo puede utilizar actualmente nueve mesas con el aforo al 50%.

Antes de la pandemia “mis dos negocios iban muy bien, porque siempre venían universitarios y Erasmus y funcionaban de lujo”. Pero ahora se hacía complicado pagar el alquiler de los dos locales. Además, el Ayuntamiento ha pasado de nuestras peticiones. Así que fatal. Es imposible hacer frente a los gastos sin tener ingresos”, explica Nero. 

Las restricciones horarias también complicaba las cosas. “Solo he estado abriendo la Chupitería cuando nos permitieron hacerlo hasta las 22.00 horas”.

Sin embargo, Nero ha apostado por llevar un nuevo negocio en la plaza del Mentidero. ‘La Gintonería’, que cerró hace unos meses, volvía a abrir este pasado jueves. Comenta que “casi que me he visto obligado a cogerlo, porque o monto terraza o me voy a la ruina”.

En la misma calle Manuel Rancés, haciendo esquina con Beato Diego, se encuentra el BD8. Este en el último año tan solo ha abierto durante tres semanas el pasado verano. Actualmente está cerrado y Chendo, su propietario, asegura que no tiene intención de abrir por ahora. Ha conseguido sobrevivir en mitad de esta crisis, confiesa, “gracias a la ayuda máxima de mi familia”.

“No me fío de volver a abrir ahora”, nos cuenta. “En verano ya hicimos una inversión para acondicionar el local, productos de limpieza específicos para la desinfección, mobiliario nuevo para readaptar las distancias de seguridad… y me lo comí todo con patatas, porque nos cerraron en tres semanas”. Ahora tiene la sensación de que va a volver a ocurrir lo mismo. “Volveremos poco a poco a acondicionarlo de nuevo, pero con un margen y estando a la expectativa de la evolución. Conforme lo veamos iremos actuando”. Aún no sabe si finalmente abrirá en julio, agosto o septiembre. 

Reconoce no tener mucha esperanza. “Me la han quitado. A mí me encantaba mi trabajo, teníamos nuestro hueco, nuestra clientela… pero ahora mismo estoy intentado recuperar fuerzas y ganas”. 

De los últimos meses lamenta cierta “deslealtad” por parte de algunos locales “que han dicho que han puesto comida para poder abrir y no ha sido del todo así”. “No es el caso de compañeros cercanos de esta zona, como el Rollin’Rock Pub que sé que sí que ha tenido comida e incluso nos ha animado a intentarlo. Pero sé que otros no lo han hecho”. Y de otro lado, también ve que ha habido cierto intrusismo por parte de locales hosteleros no especializados en licorería. “Yo no sirvo cafés porque no entiendo de café, pero sí de licores y sé qué bebidas alcohólicas contienen alérgenos, por ejemplo”. 

El BD8, a diferencia de otros locales, no ha intentado reconvertirse en otro tipo de negocio, ofreciendo cafés por ejemplo. “Quizá fue equivocación mía, pero decidí no hacerlo como ejercicio moral, siendo consciente de lo que puede llegar a ocurrir en un pub”. Además, piensa que la localización no era propicia para ello. “Si nos hubieran dado la posibilidad de poner terraza igual podríamos haber sacado algo”. 

“Ha sido muy duro. De hecho yo he estado a punto de cerrar dos veces definitivamente”, relata Daniel Gallardo, del Rollin'Rock Pub, en la calle Isabel la Católica. “En noviembre hice cuentas y tal y como iba la cosa, con las restricciones, la falta de salida…  pensé que en enero cerraría definitivamente. Porque accedimos al préstamo ICO pero se nos acabó en noviembre”. Explica que desde marzo del 2020 "todos los meses eran pérdidas; es imposible mantener un ritmo para un local cerrado, un bar de copas sin ventanas y sin terraza”. 

Cuando se les acabó el ICO tuvo que pedir un nuevo préstamo, “y con eso hemos aguantado”. Enero y febrero fueron dos meses “increíblemente malos”. Entonces el aforo estaba reducido al 30% y sólo podían abrir hasta las 18.00 horas. “En esos dos meses dejé de abrir muchos días porque no merecía la pena, me costaba más tener las luces encendidas que estar abiertos. Me volví a plantear el cierre si marzo hubiera sido igual a los meses anteriores. Porque llega un punto de no retorno, porque la liquidez que hay no es suficiente para mantener los gastos”. 

Al final fue abriendo poco a poco y Gallardo cree, espera, que “si sigue así la cosa sobreviviremos”. 

A lo largo de los últimos meses desde el Rollin’Rock han tenido que ir adaptándose a los horarios y el aforo. Incluso tuvieron que optar por servir cafés y comida fría. “Nosotros no somos un bar con cocina. Nos obligaron a poner comida para poder seguir abiertos, y un local sin cocina tiene muchas limitaciones a la hora de poder ofrecer algo”. 

Aunque el problema principal es que este tipo de bares, por mucho que intenten adaptarse, tienen un rol muy específico. “Es como decirle a una librería que se adapte y ponga un horario de apertura de 1.00 a 6.00 de la madrugada. Por mucho que lo intenten no va a funcionar en ese horario. Pues lo mismo pasa con nuestros negocios”, nos cuenta. 

“La verdad es que nos hemos mantenido gracias a una clientela muy fiel que ha estado allí apoyándonos. Pero es insuficiente porque estamos hablando de un horario de actividad en el que solo funcionas productivamente durante unas tres horas semanales. Y con un público muy reducido”, lamenta. 

En definitiva, el año “ha sido muy duro”. “Además teniendo en cuenta que cada semana había reunión del Consejo de Expertos y había que ir adaptándose a las nuevas decisiones. Las pocas compras que podías hacer no sabías si iban a servirte para la siguiente semana o no. 

En la misma calle, a apenas unos metros, se encuentra desde hace casi quince años el Karaoke Las 3 Décadas. Al igual que el resto, abrió el pasado verano hasta que cambiaron las normas. En octubre se vieron obligados a solicitar una licencia para ofrecer comida y poder abrir en el horario permitido. “Comida evidentemente envasada, porque no tenemos cocina”, relata Amalia Llamas, una de sus propietarias. “Desde entonces nos hemos mantenido abriendo adaptándonos a los horarios que había. Porque las facturas seguían pasando”. 

Estuvieron abriendo de 15.00 a 18.00 horas, antes de que ampliaran el horario hasta las 22.00. Reconoce que también han conseguido sobrevivir gracias a una clientela fija “que ha respondido fantásticamente. Han estado adelantando sus horarios de comidas para poder estar las tres horas en el bar, y han pedido que se le reservara las mesas para poder venir”. 

Pocas ayudas 

Todos coinciden en algo: falta de ayudas por parte de las administraciones. Han podido ser beneficiarios al menos de la del cese de actividad del Gobierno y la mayoría ha accedido a los créditos ICO. Pero no han tenido mucho más respaldo. 

"De la Junta no hemos recibido ninguna ayuda”, comenta Daniel Gallardo. De las ayudas que anuncia el Gobierno andaluz “detrás viene la letra pequeña”. “Cuando dicen que van a hacer una ayuda al alquiler de equis cantidad, lees la letra pequeña y te das cuenta de que no puedes acceder a ella. Yo no he podido optar a ninguna”. Por ejemplo, “la famosa de un solo pago de 1.000 euros —que a ver cómo se afrontan las deudas con 1.000 euros— era compatible con el resto de ayudas excepto con la del cese de actividad. Es decir, tenías que elegir entre ese solo pago de 1.000 euros de la Junta o tenías un pago mensual de 670 euros”.

Con respecto a la ayuda del ejecutivo andaluz al alquiler de 4.000 euros, Gallardo señala que "si en su momento el propietario del local no entregó la fianza en el registro de viviendas de la Junta responsabilizaban al inquilino por ello. Por lo tanto tampoco podías acceder a ella”. En el caso del Rollin’Rock no pudieron optar, aunque Nero sí lo consiguió para mantener uno de sus dos locales.

“Dijeron desde el Ayuntamiento que iban a ayudarnos en el tema de impuestos municipales en los suministros pero no lo han hecho. Yo he seguido pagando lo mismo.”, expone Amalia Llamas. “Mantuvimos una reunión, se hicieron una foto con nosotros pero después no se hizo nada más”.

También lamentan no haber tenido respaldo por parte del Consistorio para poder hacer uso de terraza en sus locales. "Yo llevo desde el 23 de junio del año pasado solicitando permiso para poner fuera tres mesas altas en mi bar, y a fecha de hoy todavía no me han contestado”, añade Llamas. Nero, de la Chupitería, también quiso solicitarlo. “Intentamos pedir que nos dejaran terrazas pero Martín Vila nos dijo que era imposible por la localización. Aunque le expusimos que en San Fernando, por ejemplo, hay una calle que en horario de mañana es transitable por vehículos y por la tarde se hace peatonal para que los bares puedan colocar las terrazas. Pero nos dijo que aquí no podía ser así”. 

En definitiva, aseguran que tanto la Junta como el Gobierno “han ido lentos, mal e insuficiente”.  “Con mucho sacrificio hemos ido aguantando, pero cualquier ahorro que tuviésemos ha volado”. 

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