Actualizado: 19:00 CET
Sábado, 20/07/2019

El Puerto

La debacle de Levantemos reabre el debate de una izquierda dividida

El electorado no respaldó a las nuevas políticas nacidas más allá de la izquierda tradicional, por el contrario sí encontró el rescoldo en Vox y Unión Portuense

  • Levantemos votando en el 26M.
  • La huída de votos del bloque más izquierdista ha sido clave para entender la subida de PSOE y la entrada de Vox y Unión Portuense

Con el paso de los días el escenario político en el bloque de la izquierda resuma frustración y recelos de lo que pudo ser y no terminó de mantenerse y que ahora, con el tiempo, la perspectiva deja en el aire decisiones tomadas que han influido directamente en los resultados finales. Y que no van más allá de unos comicios porque sus consecuencias fracciona y debilita proyectos que llegaron con fuerza pero, tal suflé, se desplomaron peligrosamente en el peor momento.

Con discursos más o menos entonados de la misma manera y en la misma dirección, hay una cuestión innegable, que la desunión ha resultado capital para que el entendido como bloque de izquierda haya tenido un papel diferente al obtenido y se haya desmoronado.

Es más, tras la debacle de Levantemos -perdió casi 4.000 votos y cuatro concejales y sin representación ya en el Pleno-, el “enterrado” bipartidismo (PP-PSOE) y cuando más formaciones que nunca se dan en el panorama político actual, más peso preponderante ha tenido en estas pasadas elecciones municipales. Por lo que siguen siendo a día de hoy los principales partidos y las fuerzas más buscadas por el ciudadano para dar ese apoyo, alejando postulados nuevos y en alguna medida radicales a la hora de entender la política y sus medidas a adoptar.

La moderación y la elección a lo ya conocido sigue siendo fundamental, además y más vital en clave local, el conocimiento del candidato que juega un papel crucial y decisivo en la decisión final.

De hecho, estos dos partidos obtuvieron entre los dos 20.713 votos, de los 36.267 totales, demostrando que su fuerza está más presente que nunca, por más intentos, desprestigio y nuevas formaciones y nuevas políticas hayan salido al paso minimizandolos un ápice su potencial.

Números que dicen a las claras que el electorado se ha decantado finalmente en los partidos históricos para depositar su confianza -que precisamente resulta lo que termina por decantar-, a pesar, como decimos, de las opciones que se presentaban en el amplio abanico de formaciones, que hasta en ocho se presentaron en esta cita electoral. Seis serán las que finalmente tengan representación.


Al auge nuevamente del bipartidismo, la dispersión del voto más a la izquierda del PSOE, háblese de IU, Podemos o Levantemos, no han conseguido arrastrar esa conglomeración necesaria para tan siquiera considerarse ser rival, así que los aires renovadores no han cautivado.

Es más, ha ido decayendo según el discurso se hacía más diáfano y menos resolutivo por más que se ha ido introduciendo la necesidad de un cambio que no llega, sí la alternancia anteriormente dada. De entre las valoraciones que retratan fríamente lo ocurrido es que entre IU-Podemos y Levantemos sumaron 5.812 votos.

Revelador porque solo los socialistas sacaron 4.127 votos más que ellos juntos. Por lo que aunque la confluencia entre los tres tampoco hubiesen bastado para considerar positiva la aritmética. Ya no sería cuestión de agrupación sino de concepto y de mensajes válidos para captar la atención de un electorado que, como apuntamos, se ha decantado por lo conocido.

Atrás parece quedar tanto la fuerza con la que entraron en pasadas elecciones que manifiesta que no se han conseguido asentarse como ser la alternativa real para acceder a la Alcaldía.

Pasar de la gloria al infierno en 11 meses

El caso de Levantemos es ciertamente interesante en su valoración y frondoso en los aspectos que le han ido condicionando en estos cuatro años de vida en el primer plano político. Como agrupación electoral fue la revelación de las elecciones de 2015, recogiendo el voto de los que buscaban un punto y a parte en un estado de hartazgo y agitado por continuas manifestaciones y protestas de toda índole.

Eso le hizo obtener 5.223, tener cuatro concejales y ser pieza fundamental en la formación del tripartito que llegarían a formar el notorio Pacto Programa Progresista. Su activismo también lo acompañó en el equipo de Gobierno y le costó el cese por negarse a firmar la licencia de obras del parking de Pozos Dulces. Su aventura en el Gobierno fueron once meses. Sus dimisiones, solo terminó Pepe Oliva y sus giros al feminismo como pieza fundamental, el resto.

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