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Jerez

La fe se impuso esta vez a la lógica

La meteorología no fue obstáculo para que el Señor de la Coronación presidiera el Vía Crucis de las Hermandades

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Casi nadie daba un duro porque el Vía Crucis de las Hermandades pudiera desarrollarse este año con normalidad, pero hay ocasiones en las que la fe -que dicen que mueve montañas- termina imponiéndose a la lógica. Y eso fue justamente lo que ocurrió.

El Señor de la Coronación se hizo presente en la Catedral para presidir el tradicional acto piadoso del primer lunes de Cuaresma y, una vez finalizado, regresó a su sede a pesar de que el propio obispo, monseñor Rico Pavés, ofreció a la cofradía la posibilidad de permanecer en el primer templo diocesano y volver cualquier otro día.

La lluvia -que nos tiene en vilo desde hace ya más de una semana- no hizo esta vez acto de presencia. El traslado a la Catedral debía iniciarse a las 16.45 horas. Sin embargo, la inestabilidad meteorológica aconsejó una modificación sustancial del itinerario previsto, prescindiendo del recorrido por Ávila, Arboledilla, Medina, Higueras, Angustias, Molineros, Ramón de Cala, Cruz Vieja, Barja, León XIII, Santa Cecilia, San Agustín, Conde de Bayona y Armas.

De este modo, se optó por lo más lógico, que era subir por Arcos en busca de Cerrón, Santa María, Esteve, Corredera, Arenal, Consistorio, Asunción y José Luis Díez. Ese cambio en el itinerario permitió también limitar a una hora la presencia de la imagen en la calle. Así, el traslado comenzó a las 17.15 y justo una hora después, a las 18.15, la cruz de guía estaba ya accediendo al interior de la Catedral.

Sobre las siete de la tarde comenzó el rezo y meditación de las diferentes estaciones del Vía Crucis. A diferencia de lo que venía siendo habitual en estos últimos años, el Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas no permaneció en el presbiterio, sino que fue recorriendo las naves catedralicias y colocándose ante cada una de las cruces de guía dispuestas en el interior del templo.

El desarrollo del Vía Crucis sí estuvo revestido de la solemnidad que precisan este tipo de actos, como contrapunto quizá a un traslado que resultó un tanto desangelado como consecuencia de la adversa meteorología.

Y es que debe tenerse en cuenta que la lluvia no hizo acto de presencia en buena medida porque el viento sopló con fuerza mientras el Señor de la Coronación caminaba de manera diligente hacia la Catedral. Fue por tanto en el primer templo diocesano donde sí lucieron en plenitud las andas configuradas para la ocasión por el equipo de Mayordomía de la hermandad de La Albarizuela.

El conjunto incluyó -además de los candelabros de guardabrisas del paso de misterio de la cofradía- los respiraderos de la Divina Pastora de Capuchinos, una crestería de la Hermandad de las Angustias de Cádiz y una peana de carrete de la Archicofradía de Jesús Preso de la localidad cordobesa de Cabra. Todo ello exornado con camelias, limonium morado, eringium, eucalipto, tuya, clavel nazareno, iris azul, astromelias moradas y fressias de este mismo color.

Finalizado el Vía Crucis, la junta de gobierno mantuvo una breve reunión y de inmediato organizó el cortejo para iniciar el regreso a la capilla de los Desamparados. De nuevo se modificó el itinerario que se había previsto y se optó por tomar el camino más corto: Hortas Cáliz, Manuel María González, Monti, Arenal, Corredera, Esteve, Santa María, Cerrón y Arcos.

La comitiva avanzó con diligencia y sin perder el tiempo y al filo de las nueve y media de la noche el Señor de la Coronación de Espinas -precedido en todo momento por el coro de capilla San Pedro Nolascose reencontraba con la Virgen de la Paz en su Mayor Aflicción. La lluvia no apareció en ningún momento, ni a la ida ni a la vuelta. La fe se impuso esta vez a la lógica...

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