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Domingo, 25/02/2018

EXPO´92, Bodas de Plata

Se cumplen ahora 25 años del inicio de una de las mayores campañas de relaciones públicas de la marca España en toda su historia

Autor en Andalucia Información
  • Indivisa
Publicado: 21/04/2017 ·
12:23
Actualizado: 21/04/2017 · 12:23

Se cumplen ahora 25 años del inicio de una de las mayores campañas de relaciones públicas de la marca España en toda su historia. Curro entraba en todas nuestras casas como si fuera nuestra mascota y Sevilla era el botón de muestra de una España que pasaba de un pasado triste y obsoleto a una sociedad cada vez más abierta y moderna.

La Exposición Universal de Sevilla, la Expo´92, no fue solo un gran evento ni una gran ocasión para Sevilla, que también. El Gobierno de España de entonces, que presidía Felipe González, fue consciente de la necesidad que tenía España de posicionarse en el exterior con un concepto distinto al que se tenía de nosotros hasta entonces.

Y hacía falta un revulsivo. Costó y mucho, y es posible que aun andemos pagando las facturas de aquello, pero para entender la España de hoy (ni que decir tiene la Sevilla y la Barcelona de 2017), es imprescindible valorar el impacto socio-cultural que supusieron la Expo y los Juegos Olímpicos.

Dos escaparates que en un mismo año volvieron los ojos del mundo entero hacia una España nueva, más moderna, con más capacidad económica e industrial que evidenció a todo el mundo que tiene la mejor tierra y el mejor mar pero que también era ya una gran potencia.

La Expo´92 marcó un antes y un después, evidentemente para Sevilla, abriéndose para la capital andaluza un mar de posibilidades con cientos de metros cuadrados enfocados a la dinamización empresarial, siendo la pionera en el AVE, algo tan cotidiano hoy pero que entonces fue un revulsivo que situó a Sevilla y a Andalucía en el mapa turístico y económico por su rápida y eficaz comunicación con Madrid.

Todos los países quisieron estar en España y disfrutar y vivir España como los que tuvimos la fortuna de recorrer la Isla de la Cartuja nos pudimos adentrar en países a los que, es probable, que no vayamos nunca.

Porque aunque algunos éramos pequeños, no podemos olvidar las colas para entrar en pabellones que nos resultaban altamente atractivos, las culturas que descubrimos, el espectáculo del lago hasta entonces muy poco visto por estos lares, la posibilidad de comer en Noruega y merendar en la China, o de ver espectáculos que no llegaban a nuestros humildes teatros.

Además, era el momento. Hoy en día quizá sea casi imposible organizar un evento de estas características porque saldrían los salvadores de almas y espíritus a criticar cualquier cosa que se hiciera, gastara o propusiera.

Pero al menos por una vez, España supo aprovechar su momento para lanzar un claro mensaje no solo al exterior, sino también hacia dentro, para hacernos ver a los españoles que éramos capaces de sorprender y encandilar al mundo entero, que podíamos, si queríamos, llegar muy lejos y que atrás quedaban etapas pasadas y empezaba un nuevo camino de innovación, progreso y economía para España.

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