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Los abanderados

Los abanderados
Padilla y la bandera preconstitucional · Twitter

Abraham Ceballos
23/09/2017 22:53 · Actualizado el 25/09/2017 13:47

Apenas he pisado suelo catalán en un par de ocasiones, pero es una tierra que siento mucho más cercana que La Mancha o Extremadura. Échenle la culpa a Serrat, Lluis Llach, Marsé, Eduardo Mendoza, Mary Santpere, La Trinca, Eugenio... figuras que forman parte de un pasado cada vez más lejano -ya he cantado el fa vint anys que tinc vint anys-, sin olvidar el presente de un equipo al que sigo desde entonces y al que vi jugar en el Carranza con Artola, Rexach, Asensi y un juvenil Carrasco a finales de los 70. Quiero decir con esto que no solo siento tristeza por cuanto viene sucediendo en Cataluña durante las últimas dos semanas, sino por sentirla como propia y negarme ahora a creer que he estado viviendo en una mentira.

Estoy de acuerdo con los que defienden que esta situación solo se solventa con diálogo, incluso con los que culpan a Mariano Rajoy de no haberlo propiciado mucho antes; tanto, como años han pasado desde el órdago de Artur Mas. Pero un diálogo en el que no se obvien las ilegalidades cometidas, traducidas posteriormente en afrentas a la convivencia democrática.    

Sólo faltan por aparecer las urnas, pero entre carteles, programas de mano, papeletas de voto y banderas, resulta inevitable recurrir a la anécdota de Josep Pla cuando vio iluminado por primera vez el skyline de Nueva York y preguntó: “¿Y todo esto quién lo paga?”. En realidad, hay quien dice que es una leyenda urbana, que nunca dijo tal cosa, pero el maestro Alcántara, que lo trató en persona, lo cuenta como cierto, y como tal se hace indispensable recordarlo para hacernos ahora la misma pregunta en la tierra natal de Pla, al tiempo que los manifestantes lucen junto a sus esteladas el retrato de Franco para hacer más palpable su autoengaño.

En tiempos de Franco, por ejemplo, el propio Pla estuvo casi una década sin poder publicar en catalán porque lo prohibía la censura. En tiempos de Franco sí había presos políticos, incluso ejecuciones. En tiempos de Franco. Pero, afortunadamente, ya no estamos en tiempos de Franco, por mucho que ondeen su retrato por las ramblas y por mucho que quieran ver a los grises con sus cargas a caballo donde solo hay mucha policía, en la búsqueda de una gloria a precio de saldo, apenas fallido experimento, otra vez, de quienes siguen empeñados en vivir su propio mayo del 68: eterna frustración de todas las generaciones de jóvenes que hemos sucedido a la de aquella primavera.

También en tiempos de Franco hubo muchos libros prohibidos, versos prohibidos, discursos prohibidos, amistades prohibidas, besos prohibidos, escenas prohibidas, incluso películas enteras prohibidas. Entre ellas se encuentra Senderos de gloria; en especial, por la secuencia en la que Kirk Douglas le pide a su general que no le ponga por delante la bandera de Francia “para que la embista”. “Donde hay un patriota hay un hombre honrado”, le replica el general, a lo que Douglas le recuerda la famosa frase del Dr. Johnson: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”. Resultaba obvio hasta para Franco. Y vuelve a serlo en este momento, aunque insistan en no darse por aludidos los que incitan a ondear las banderas para que se confundan con una revolución.

Y ahí nos han dado, con toda la bandera, para lucirse en las portadas del resto del continente, conscientes de nuestros complejos para lucir la rojigualda, salvo que la Selección gane un mundial o un europeo. Pueden preguntarle a Juan José Padilla, que en plena euforia tras una gran faena vio que alguien le lanzó una bandera de España y se la puso por los hombros. De la lamentable escolta del águila empotrada en su espalda se enteró poco después, cuando oyó los disparos, que para este tipo de casos llegan antes que las preguntas. Tampoco sirvieron de nada sus explicaciones. La duda es si la intransigencia se debía a la bandera -ofensa sin perdón, además de fetichismo cutre- o a su oficio a vida o muerte -disparen si es torero-. ¿Y si se hubiera colgado la republicana? ¿Y si se hubiera colgado una estelada? Eso ya son -abanderados de- palabras mayores.

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